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¿Sabes qué tipo de empresa te conviene crear?

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¿Cuál es el límite de ingresos para evitar darse de alta como autónomo?

Sociedad Limitada o Anónima: ¿Cuál es tu tipo social?

¿Estás pensando en montar una peluquería? ¿Una empresa de eventos? O quizás lo tuyo sea dar charlas. ¿Quieres emprender pero no sabes cuál es la fórmula jurídica apropiada para tu proyecto? Elige bien, porque el tamaño de tu futuro negocio es clave a la hora de pagar más o menos impuestos, bien por el IRPF, bien por el de Sociedades.

Y no te confundas, porque Hacienda irá a por ti, bien lo sabe el ex presidente del Gobierno José María Aznar, quien facturaba sus conferencias a través de una sociedad en lugar de hacerlo como un simple autónomo para pagar menos impuestos. La broma le ha salido por 70.000 euros de multa y 200.000 euros en concepto de liquidación complementaria.

Así pues, lo primero a analizar es la actividad profesional a desarrollar. Si uno puede ejercerla por sí mismo o si requiere de más socios, capital, inversión en mobiliario, trabajadores… Igualmente, la elección dependerá del volumen de negocio esperado. Estas son las principales personalidades jurídicas.

Autónomo

No es una estructura societaria, sino una categoría de afiliación a la Seguridad Social, pero bajo esta figura uno puede ejercer su actividad profesional como persona física sin estar obligado a constituirse en empresa. Es el caso del, por ejemplo, economista que presta sus servicios de asesoramiento, del anestesista o abogado, del que de vez en cuando da clases o el que realiza habitualmente colaboraciones. «No hay costes de material ni de oficina. Tampoco hay plantilla. Es el autónomo puro y duro y no tiene sentido que monte una empresa», señala Carlos Pavón, socio director de IURE Abogados.

Las responsabilidades fiscales pasan por registrarse en Hacienda e indicar el Impuesto de Actividades Económicas que corresponda -no todos los autónomos están obligados a pagar esta tasa-. En la declaración de la renta tendrás que declarar los ingresos a través del IRPF. Según la cuantía, estos tributarán como mínimo al 19% hasta un tipo máximo del 45%.

Estarás obligado a darte de alta cuando tus ingresos superen el Salario Mínimo Interprofesional, fijado en 9.080 euros o, aun no alcanzando esa cifra si tu trabajo tiene cierta periodicidad. La ley es ambigua al respecto. No supone coste alguno, pero para percibir coberturas sociales has de pagar una cuota. La mínima es de 266 euros al mes.

Empresario individual

Ahora bien, si tu negocio requiere algo más de inversión, por ejemplo, si vas a montar una peluquería, una academia o una cafetería has de dar un paso más y constituirte como empresario individual.

Se trata de una estructura sencilla de montar, sin altos costes, adecuada para negocios de reducido tamaño, con poco volumen y riesgo. Si bien, tiene un inconveniente importante: responderás de todas las deudas de tu actividad con tu patrimonio. La responsabilidad es ilimitada. Así pues, se «asume un riesgo alto si el negocio tiene un perfil arriesgado», apunta el profesor de Derecho de Sociedades del IE Law School y abogado en el despacho Pelayo, Clemente y Baos, Tomás Pelayo

Existe una excepción en la versión emprendedor individual con responsabilidad limitada, en la que la vivienda queda exonerada de responder ante cualquier deuda.

Desde el punto de vista fiscal, tributa igual que un autónomo, por el IRPF. No en vano, todo empresario individual está obligado a darse de alta como autónomo.

Empresario social

En la medida que vayas a adquirir compromisos con terceros, requieras financiación, socios, plantilla. En definitiva, que «el volumen de tu negocio sea alto e implique riesgos lo que te interesa es una sociedad, aunque sea unipersonal, ya que limita la responsabilidad», en caso de que vaya mal el negocio, al capital aportado, aconseja Carlos Ruiz, director de Economía e Innovación de Cepyme.

Los gastos en ponerla en marcha son mayores a los del empresario individual. Las dos modalidades más habituales son la Sociedad Anónima (SA) y la Sociedad Limitada. (SL) Tributan por el Impuesto de Sociedades al 25%.

¿Cómo elegir entre una y otra? Pues si quieres implicarte al 100%, no sólo como administrador, sino también como empleado, quieres dar continuidad a tu legado, tu personalidad jurídica es la limitada. Es la que se ajusta más a los intereses de la empresa familiar, por ejemplo. El capital social inicial requerido es de 3.000 euros. En cambio, si se le das más importancia al capital y necesitas socios, la fórmula es la anónima. En este caso hay que poner 60.000 euros para arrancar.

Fiscalmente, a simple vista puede compensar la estructura social, pero «si haces cuentas», señala Pelayo, «lo que se paga a Hacienda con una y otra fórmula se acerca bastante» porque lo que busca el fisco es que «no haya grandes diferencias para evitar que te montes estructuras societarias que no obedecen a una realidad empresarial». Al final, la diferencia la puede marcar bonificaciones que puedas percibir, deducciones…

Y es que cuando el administrador quiera percibir su dinero, en una sociedad lo tendrá que hacer bien en forma de reparto de beneficios (dividendo) o como salario. Una y otra fórmula pasan por la declaración de la renta como renta del ahorro y del IRPF, respectivamente.

G. Gonzalez

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