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¿Qué ocurrirá en la UE si hay un ‘sí’ al ‘Brexit’?

¿Qué ocurrirá en la UE si hay un ‘sí’ al ‘Brexit’?

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Si triunfa el “sí” la UE se enfrenta a la incertidumbre en un momento de enorme debilidad institucional y crisis política

Si el jueves los británicos optan por la salida de la UE se abrirá en la historia del continente un capítulo sin precedentes y que provoca una fuerte ansiedad en muchas capitales. No hay precedentes, no hay una hoja de ruta ni un plan detallado. Si triunfa el “sí” la UE se enfrenta a la incertidumbre en un momento de enorme debilidad institucional y crisis política.

 ¿Qué pasa si sale el “sí” a Brexit en el referéndum? Legalmente, para la Unión Europea, nada. Para que el proceso de salida de la UE diera comienzo no basta con que los ciudadanos se pronuncien en las urnas. La activación requiere que el Gobierno británico informe oficialmente del resultado a la Comisión Europea y al Consejo y que, si así lo considera oportuno, pues no está tampoco obligado jurídicamente, invoque la legislación comunitaria vigente para iniciar los trámites de salida.

¿Sería inmediato? Probablemente no. Los partidarios del ‘Brexit’, encabezados por Michael Gove, han dejado claro que su intención no sería que la invocación del artículo 50 de la UE fuera inmediata. Querrían tiempo para pensar bien la estrategia, el camino y mitigar el efecto en la economía y los mercados . Hay sectores dentro de los ‘Brexiters’ que de hecho abogan por fórmulas más agresivas incluso que el artículo 50, aunque la base legal es mucho más cuestionable.

¿Cuáles son los trámites de salida? Es una incógnita absoluta. El artículo 50 del Tratado de la Unión, que se incorporó al acervo comunitario tras la polémica revisión de Lisboa, estipula que: “todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión”. Para ello, el Estado miembro que decida voluntariamente retirarse “notificará su intención al Consejo Europeo. A la luz de las orientaciones del Consejo Europeo, la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión. Este acuerdo se negociará con arreglo al apartado 3 del artículo 218 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea”.

¿Está claro el camino entonces? No, en absoluto. Los Tratados sólo recogen el marco legal. Así como no hay ningún procedimiento estipulado para que un país por ejemplo salga del euro, los padres fundadores y los reformistas sí dejaron la puerta abierta a una salida. Pero no hay un camino para hacerlo. Es algo que tendría que negociarse desde cero, punto a punto, y sin que exista un ‘template’, una plantilla en jerga comunitaria. Una de las posibilidades, según altas fuentes europeas, es usar como punto de partida los 35 capítulos que existen para negociar las adhesiones, pero a la inversa. Pero es algo que se tendrá que decidir, votar y negociar durante meses. En juego, miles de millones de euros y decenas de miles de puestos de trabajo.

¿Qué plazo hay para la salida de la Unión? El artículo 50 fija que “el Consejo lo celebrará en nombre de la Unión por mayoría cualificada, previa aprobación del Parlamento Europeo” y que “los Tratados dejarán de aplicarse al Estado de que se trate a partir de la fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los dos años de la notificación a que se refiere el apartado 2, salvo si el Consejo Europeo, de acuerdo con dicho Estado, decide por unanimidad prorrogar dicho plazo”. Es decir, que el plazo base son dos años, pero la mayoría en Europa asume que un divorcio sería muy largo y delicado. Por todo lo que está en juego y porque habría que sentar el precedente para los posibles casos futuros.

¿Sería una separación amistosa? Está por ver. Depende del resultado del referéndum, de la decisión del Gobierno y de la retórica. Dependería del consenso de los Estados Miembros restantes . Hay entre ellos quienes quieren mano dura, hacer pagar a Londres la “irresponsabilidad” del debate y hacerles ver las consecuencias de su desafío. La UE tendría formas de complicar la situación, haciendo ver que la negociación para un acuerdo de asociación económica (al modo de Noruega o de Suiza) llevaría años, incluso más de una década. Habría que decidir sobre los funcionarios británicos en las instituciones. Sobre facilidades de trabajo, viaje, residencia y prestaciones. Pero poco a poco entre todos va calando la postura alemana de que no tiene sentido hacer sangre y que lo mejor para todos (países, empresas y ciudadanos) sería un entendimiento lo más cordial posible. Si modo noruego, suizo o albanés, está por ver.

¿Qué haría la UE si pierde una de sus partes? Tampoco está claro. Hay quienes abogan por una mayor integración inmediata, como el ministro español en funciones García-Margallo. Por unos “Estados Unidos de Europa”. Pero la mayoría de los países, empezando por Alemania y Holanda, abogan por dar una pausa a la integración. No revertirla, por el momento, pero no tratar de profundizarla ahora mismo. Creen que no es el momento, que hay demasiadas dudas y falta una brújula, y que el populismo no va a poder ser combatido vendiendo más Europa, puesto que desde Reino Unido a Francia pasando por Hungría y Eslovaquia, y desde luego Ámsterdam y Berlín, hay cada vez más voces y más partidos extremos con un mensaje euroescéptico o eurófobo. Hay quienes piden iniciativas, cohesión, pero la dinámica inicial aboga más por la calma.

¿Habría imitaciones? Es posible. Hay fuerzas en Suecia, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Alemania o Francia que quieren una UE completamente diferente. Que quieren renegociar su estatus dentro de la Unión, salirse de ciertas obligaciones (las famosas cláusulas opt-out y opt-in de las que disfruta hasta el momento Reino Unido o los daneses en algunos aspectos de interior, economía o asilo).

¿Qué consecuencias inmediatas tendría el “sí” a la salida en el referéndum? Probablemente una reacción muy adversa en los mercados , que obligaría al BCE a anunciar que hará todo lo necesario para mantener la calma. Inyecciones de liquidez y líneas abiertas para que el Banco de Inglaterra en caso de que tenga que hacer frente a problemas con sus entidades. Se tendrían que activar los ‘Planes B’.

¿Cuáles son? No lo sabemos. Los ministros de Economía admitieron la pasada semana en el Eurogrupo que existen, pero que deben ser secretos para resultar útiles. Igualmente, la Comisión guarda bajo siete llaves sus planes de reacción.

G. Gonzalez

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