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La economía del «ir tirando» se perpetúa en Andalucía: un 30% de paro, la mayor tasa de Europa

La economía del «ir tirando» se perpetúa en Andalucía: un 30% de paro, la mayor tasa de Europa

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  • La actividad en «B» mueve 40.500 millones, el 29,2% del PIB de la región, según los técnicos de Hacienda

«A España no la va a conocer ni la madre que la parió». La célebre frase pronunciada por Alfonso Guerra al final de la Transición parece una broma si se mira a Andalucía. Hoy, tras más de tres décadas de gobierno socialista, sigue siendo la región con menos renta por habitante y el paro más alto de España y de Europa (1.198.300). Más de tres décadas en las que se ha tupido una completa red de subsidios que, combinada con la economía sumergida, permiten «trabajos de subsistencia» que, con los apoyos familiares, aseguran una cierta calidad de vida.

Andalucía es la región que más se queja de estar castigada por los tópicos, pero los datos son tozudos. Un 29,83% de los residentes mayores de 16 años que quieren trabajar no pueden hacerlo, casi diez puntos respecto a la media nacional (20,9%) y veinte puntos frente a las tasas más bajas, las del País Vasco (12,89%) y Navarra (13,53%). Las mismas desigualdades existen entre provincias. Casi cuatro de cada diez gaditanos están en paro. Cádiz tiene una tasa del 36,73%, casi veintisiete puntos más que la provincia con menos paro, Guipúzcoa (10,16%).

Pero el primer puesto en desempleo de Andalucía viene de lejos. Hasta principios de 2008 se fue turnando históricamente con Extremadura, pero en los últimos años los extremeños han ido mejorado al tiempo que la comunidad andaluza retrocedía.

La economía sumergida y el elevado paro son dos fenómenos que se retroalimentan. Andalucía es la segunda región que tiene una mayor tasa de economía sumergida, un 29,2% de su PIB, cinco puntos más que la media española -del 24,6%-, según un estudio elaborado con datos de 2012 por el sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha) y el profesor Jordi Sardá, de la Universidad Rovira i Virgili. Este informe achaca esta alza al «espectacular» repunte de paro que se ha dado durante la crisis en la región -ha pasado del 12% en 2007 al 29% en 2015-, además del «efecto arrastre provocado por el boom inmobiliario», un sector que en Andalucía tiene especial importancia. No obstante, al margen de los efectos coyunturales de Andalucía, la estructura productiva de la región también favorece un problema con un componente que se perpetúa.

«En Andalucía hay una estructura económica con muchos servicios, turismo y agricultura y poca industria. Además hay buenas coberturas sociales para los parados, tanto estructurales como de temporada», explica José Ramón Pin Arboledas, profesor del IESE. La agricultura supone el 4,2% del PIB andaluz, casi el doble que la media de España, mientras que el turismo representa un 13% para la comunidad, por encima del 11,7% que contribuye al PIB de la economía nacional.

«Hay dos Andalucías: una urbana y otra rural. En las zonas urbanas, con industria y servicios, es más complicado el fraude generalizado, ya que el control es mayor. En las zonas rurales es más fácil», apunta José María Mollinedo, secretario general de Gestha.

«La situación del mercado de trabajo en Andalucía está provocada por un cúmulo de circunstancias tanto endógenas como exógenas. No olvidemos que el empleo lo crean los empresarios, no los gobiernos, y los diferentes ejecutivos andaluces han venido ocupando un espacio de sobreprotagonismo en esa región, lo que ha impedido mayor desarrollo empresarial. Han fomentado las políticas pasivas», asegura Francisco Aranda, presidente de la comisión de Asuntos Laborales de CEIM-CEOE.

Añade también que la población activa ha crecido en Andalucía a tasas muy superiores a las del resto de España y que en la población andaluza tienen mayor peso relativo grupos de población con niveles educativos bajos, para los que no se les han diseñado adecuadamente políticas que ayuden a su permanente recualificación. «Una mejor inversión en formación de capital humano en base a las necesidades del tejido productivo sería urgente», dice. «En otros países europeos se exige una mayor búsqueda de empleo y acciones formativas a los parados. La realidad cambiaría notablemente en Andalucía si esto fuera así», incide Sandalio Gómez, profesor del IESE.

Sobre las características del mercado andaluz, Pin Arboledas destaca su estacionalidad y temporalidad, el hecho de que haya periodos del año en que la población está cubierta por ayudas al desempleo de diferente tipo, y un mercado informal de economía sumergida, «en parte -dice- para no perder las coberturas sociales». «¿A quién beneficia más que un trabajador esté en negro, al empresario o al trabajador? Al empresario: ahí esta el origen normalmente del fraude», apostilla Mollinedo.

Esta situación también ha tenido otro efecto: una fuga constante de población que se ha prolongado durante la crisis. Según el INE, la marcha de trabajadores andaluces llegó a los 3.900 entre 2014 y 2015. Llegaron 9.000 empleados de otras regiones, pero salieron 12.900. La mayor parte cambiaron de residencia a Madrid y Cataluña.

Todo ello lastra a una región que es la más poblada de España, con un 18% del total nacional, y supone el tercer motor económico del país, tras Madrid y Cataluña, al concentrar el 13,4% del PIB nacional.

G. Gonzalez

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